Sí, un engendro. Y lo afirmo con la total seguridad de que algunas personas que allí viven o tienen su forma de vida en el paraje se pueden sentir ofendidas de alguna forma o manera.
Lo he escrito a propósito. Y es que no puede ser, no es de recibo que el mayor reclamo del Bierzo, declarado Patrimonio de la Humanidad, sobreviva a duras penas de la forma en que lo hace.
Este verano, como tantas otras ocasiones, participé en una excursión por el paraje con un montón de muchachos de amigos y familiares. El objetivo último, además de pasar un día fuera de ocios más alineantes para nuestros hijos, era el de dar a conocer a los que son de la tierra su encanto e historia, y a los foráneos ídem de lienzo.
Para empezar, los accesos tienden a la confusión. La profusión de señales oficiales y caseras con picaresca a un aparcamiento privado, por ejemplo, en una finquita habilitada o a la tasca de turno, unas veces se prodigan como las malas plantas y otras simplemente no existen. Se agradece la poca urbanización y agresión medioambiental al respecto, pero en cuanto a indicaciones, al igual que la valoración final al ocaso de la jornada, es todo un desbarajuste.
Hubo, eso sí, elementos didácticos en su momento que con el paso del tiempo no son más que restos de cartelería. Pero al igual que hay que fomentar el paseo a pie por la zona, que se nos presentaba a veces como una marabunta en las que quería introducir sus vehículos hasta la misma puerta de los principales enclaves, otros llevaban hasta calzado con tacones. Alucinante. Prueba de que no se tenía ni idea de qué se trataba eso de ir a Las Médulas.
Esta bien eso de que la Naturaleza siga su curso. Ahí están los castaños centenarios y tantas y tantas muestras de flora y pequeña fauna local. Pero en algunos puntos la dejadez y la falta de cuidados servícolas da una impresión paupérrima y hasta de apetitoso caldo de cultivo para pirómanos y demás terroristas ambientales. Zonas de auténtico secarral, hojarrasca y ramaje caído o abandonado.
Pero lo peor, sí amigos, lo peor, es el auténtico timo de la entrada a la galería principal en el alto de Orellán. Dos euros por unos minutos de préstamo de una linterta y un casco, sin explicación, sin folleto, sin nada de nada dejó atónitos a nuestros amigos y a docenas de visitantes cercanos por sus comentarios. ¿Dónde quedó aquella vieja aventura gratuita de introducirse en las entrañas de la mina? Gracias por la adecuación, pero a dos euros en las visitas de grupo resultan un atraco a linterna armada, señores, a cambio de nada.
En cuanto a las aulas didácticas y arqueológicas. Qué triste la división institucional, la falta de más medios y la descoordinación. Tan sólo los esfuerzos del Consejo Comarcal y del IEB, a duras penas, suplen la necesaria información más pausada y profesional de la zona.
Cierto es, que de nuestros chicos, tan sólo el que suscribe y dos más se empaparon de audiovisuales, exposición y papelería informativa. El resto se entregó a la mercadería que ha surgido sin control urbanístico y comercial alguno en la zona. Lo mismo sales con un bote de miel, que con una botella de orujo, que tomas un refrigerio en una moderna terraza en medio del enclave con elementos de aluminio y suelo de sintasol. Grande la arquitectura tradicional respetada.
A veces tuve la sensación de ir a una feria o romería. Como dice el amigo Courel en sus escritos, ahora desde Cultura y Patrimonio de la Junta de Castilla y León...Había que hacer algo.
Pues ponte a ello hombre, empezando por Las Médula